Que poco tiempo ha durado ese atisbo de igualdad, ese momento fugaz en el que llegamos a pensar en que el estado podía llegar a tratar del mismo modo a una anciana con Alzheimer que una infanta imputada.
Pero no. Rápidamente, de inmediato, los resortes del sistema han saltado para proteger a la infanta imputada, exonerándola de momento del trance de pasar a declarar ante el juez Castro.
Una vez más el repugnante sistema de castas se ha puesto de manifiesto, dejando en agua de borrajas aquello de que todos los españoles somos iguales ante la Ley.






